Y tú, gestor de conflictos; ¿Ya te pasaste a LINUX? o ¿sigues con el MS-DOS?

El día de ayer nos encontrábamos en una reunión familiar. En mi familia varios somos abogados, aunque yo me orienté ya hace unos años hacia la mediación y otras formas de resolución alternativa de conflictos.
 
Sentado junto a mi hermano abogado le pregunté;
 
Imagina que quisieras hablar con un cliente tuyo de las posibilidades de la mediación ¿Cuál podría ser una forma adecuada de transmitir el mensaje?
 
No me contestó de forma directa pero a cambio me compartió una experiencia propia.
 
Mira Paco – me dijo – el otro día acudió al despacho un cliente que tiene un conflicto con sus socios. Sus socios desean que abandone la sociedad y él considera que eso es injusto y, en consecuencia, desea presentar batalla y luchar por lo que él considera que son sus derechos.
 
Mi colega de despacho y yo mismo – continuó mi hermano – estuvimos durante un rato asesorando a nuestro cliente acerca del encuadre jurídico de su situación, las posibles estrategias, nuestras y de la otra parte – en nuestra jerga de abogados los llamamos “los contrarios”, palabra que en si misma ya tiene un tinte de hostilidad y confrontación – y también de los posibles costes y tiempos de un proceso, etc.
 
En la parte final de nuestra reunión nuestro cliente se quedó un momento reflexivo y formuló una pregunta que era franca, a la vez que compleja. Dijo;
 
En esto de los conflictos empresariales, ¿Quién acaba ganando?
 
Mi hermano le ofreció una respuesta que me pareció magistral. Le contestó;
 
Los conflictos empresariales los gana quien prioriza en su estrategia el mirar al futuro y los pierde quién pone por delante el ganar el debate de quién tiene razón o qué es lo justo.
 
Mi hermano terminó diciendo que el cliente se quedó muy reflexivo pero a los pocos días ya había pasado su preocupación por el conflicto a un segundo plano ya que regresó para hablar de un nuevo plan de negocio individual que tenía en mente y que quería poner en marcha a toda velocidad, mientras a la vez, cerraba la fase con los ya ex socios.
 
He de reconocer que me sentí orgulloso de mi hermano a la vez que pensé que si yo tuviera un día un problema desearía que mi abogado me obsequiara con consejos similares. No obstante, también le hice una pregunta adicional cuyo desarrollo dejo para el final de este artículo.
 
El concepto “tener la razón” o “defender lo que es justo” empieza a ser, al menos en el mundo del trabajo y de la empresa una razón de ser obsoleta y sobrevalorada.
 
Los conflictos constituyen un enorme desgaste de energías, tanto en términos de horas de dedicación como de recursos económicos.
 
El otro gran riesgo que incorpora una ineficiente gestión de los conflictos es el de imagen. Toda empresa debería tener como objetivo conservar una imagen de “buen partner” en el mercado. Las batallas legales no ayudan a construir esa necesaria reputación.

Las empresas, que por esencia son el lugar en donde gestionar los recursos de forma eficiente se erige en el valor fundamental no deberían dedicar grandes esfuerzos en lograr que se “afirme la razón propia o lo justo” y más bien deberían trabajar por flexibilizar sus posturas y ampliar la creatividad de tal forma que los conflictos, cuando surjan, puedan ser resueltos de forma veloz minimizando las energías y los riesgos de imagen, empresarial y personal que los conflictos conllevan.

Y eso es lo que ocurre en la primera línea de innovación empresarial. Las empresas más innovadoras del planeta están adhiriéndose a políticas de reducción drástica de la conflictividad. Para ello han tenido que reinventar antiguas prácticas de pensamiento e incorporar los ADR “alternative dispute resolution”. Un ejemplo de ello es el caso de Google, Inc. y de cómo gestionó sus litigios con los diversas asociaciones de editores de periódicos, todos ellos resueltos vía mediación.
 
Por lo tanto. Sí. En efecto. Enfocarse hacia el futuro, priorizar el “back to business”, ser flexible hoy y dejar de poner por delante “lo justo” para priorizar “lo relevante” debe ser un criterio de gestión empresarial, estamos totalmente de acuerdo, pero… querido hermano, ahora quiero hacerte esta otra pregunta;
 
“¿Qué pasa cuando nosotros o nuestro cliente sí dispone de esa actitud flexible y proactiva hacia el conflicto pero nuestra contraparte no la tiene?”
 
Sí, Paco, ya veo por donde vas, contestó mi hermano. Desde luego que en esos casos la figura de un mediador profesional es una gran aportación. El mediador, al ser alguien neutral sí puede hacer ese y otro tipo de llamadas a la flexibilidad y de re-dirigir la visión hacia el futuro, no sólo trabajando con una de las partes sino con ambas. Es necesario que el trabajo se haga en los dos “campos” de la partida, porque si se hace sólo en uno no va a surgir solución alguna o es mucho más difícil que lo haga.
 
Es verdad que yo, como abogado – siguió mi hermano -, puedo hacer una reflexión hacia la moderación y flexibilidad con mi cliente pero no soy un interlocutor válido para hacer esas mismas reflexiones a la otra parte y al otro abogado porque si lo hago probablemente la otra parte no vea la bondad de mis palabras sino que por proceder de mí, es decir de su contrario, sean entendidas mis palabras como una manipulación. Además, está el hecho fundamental de que si dos partes no se pusieron de acuerdo antes, creando un conflicto entre ellas, ¿porqué piensan que ahora sí van a poderlo resolver sin una ayuda extra?

En cambio, un tercero, o esa ayuda extra, sí puede resultar un interlocutor válido para ayudar a flexibilizar posturas, no sólo en un lado de la cancha sino en ambos.

Yo contesté; así es, hermano. Me alegra ver que no sólo eres un buen abogado sino que también eres un abogado de los nuevos tiempos. Por fortuna veo que eres de esos abogados, que cada vez son más en número, que se pasaron al LINUX en la gestión de conflictos.  

Pd1. Por cierto, si deseáis saber dónde encontrar a esos abogados tan avanzados, podéis localizarlos en www.gimenez-salinas.es
 
 


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